
Una profecía autocumplida es una predicción que, una vez hecha, es en sí misma la causa de que se haga realidad
Quienes me conocen, saben que siempre me he considerado un admirador de Pep Guardiola, el técnico del Futbol Club Barcelona. Cauto, pero admirador al fin y al cabo.
Mucho se ha escrito sobre él, aunque poco se conoce de verdad, dado el hermetismo que reina en un vestidor de un club de tan alto nivel. Los datos y los resultados están ahí, y no voy a ser yo quien a estas alturas del baile critique el trabajo de este entrenador.
Pero sí me tomo la libertad de reflexionar acerca de los últimos acontecimientos previos a la derrota del equipo blaugrana en el último partido contra el Real Madrid.
El técnico culé llevaba varias semanas anunciando que la liga estaba perdida. Que la distancia es insalvable. En definitiva que ganar la liga de fútbol es imposible.
Personalmente, creía que Pep Guardiola se equivocaba haciendo estas declaraciones. Lo creía antes de la derrota del sábado y me reafirmo en mi creencia. Intentaré explicar por qué.
Las personas le concedemos mucha importancia a la coherencia. Se asocia a personas honradas, estables, racionales y de gran personalidad. Por el contrario, a aquellas personas que se perciben como poco coherentes se les atribuye una personalidad débil y se las considera superficiales y poco lógicas. Esa es la razón por la que deseamos no sólo parecer coherentes ante los demás, sino también sentirnos coherentes ante nosotros mismos.
Este principio subyace, incluso, en tácticas de influencia utilizadas en campañas de márketing. Se sabe que si se consigue que una persona se comprometa con una postura determinada (por pequeña o de poca importancia que sea), será más proclive a aceptar peticiones para realizar conductas coherentes con esa postura.
Existe otro principio por el cual la influencia se ejerce sobre las personas: la autoridad. La influencia basada en la autoridad es eficaz debido a que desde niños se nos inculca que obedecer a la autoridad es una conducta ‘correcta’. Además, normalmente es útil comportarse así, siguiendo los dictados de una autoridad legítima, ya que las personas han alcanzado esa posición por su nivel de conocimientos o por su poder.
Si usted, como líder, no espera el éxito, olvídese de que los demás lo esperen, ni mucho menos que lo den todo por conseguirlo, aunque crean que lo estén haciendo.
Pep Guardiola, es la máxima autoridad en el vestidor blaugrana, y ejerce una enorme influencia en los jugadores, entre otros profesionales. Si esa máxima autoridad afirma y se mantiene en que el éxito es imposible, es muy difícil encarar cualquier obstáculo con la actitud y motivación necesaria para conseguirlo. Si usted, como líder, no cree en el éxito, no puede esperar que los demás lo crean, ni mucho menos que lo den todo por conseguirlo, aunque crean que lo estén haciendo.
Hay personas que ante este argumento me responden que tal vez haya sido una estrategia. Que de cara a la ‘gradería’ el técnico dé una versión de lo que se cree y de puertas hacia adentro se trabaje con otra versión. Aparte de una convicción personal de que no ha sido así, aquí es donde entra el argumento anterior; el de la coherencia. Es realmente difícil ser coherente entre el comportamiento que se muestra al exterior, y trabajar en lo diametralmente opuesto.
El psicólogo Charles Kiesler, en su teoría del compromiso, definía que ‘el compromiso es el vínculo que existe entre el individuo y sus actos’. Es decir, de acuerdo con este autor, de cara a los demás, fundamentalmente nos comprometen los actos públicos, no tanto las ideas o las opiniones, en las que sería más fácil justificar un cambio. Pero a mi entender, cuando el Sr. Guardiola, (insisto en la figura de máxima autoridad del vestidor, y por tanto máximo generador de influencia en el equipo), cuando manifiesta su opinión, ésta es presentada como un hecho, lo que a mi juicio equivale a un acto.
¿Y bien? ¿Qué hacer en estos casos?
Mi conclusión es que para seguir manteniendo la motivación y el arousal necesario para concebir el éxito como una verdadera opción, se debería haber sido aun más realista, es decir, centrarse en los hechos: Es muy difícil, no depende sólo de nosotros, pero lo daremos todo para que si hay alguna opción, la podamos aprovechar’. Sólo nos podemos centrar en aquello que realmente depende de nuestro esfuerzo y trabajo.
Pep Guardiola, con su creencia de que todo estaba perdido, tal vez consiga que se cumpla la profecía autocumplida. Aquella que, una vez hecha, es en sí misma la causa de que se haga realidad.



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